Bulnes: magia en los Picos de Europa

A los pies del Picu Urriellu -o Naranjo de Bulnes- la magia se apodera de este rincón en el corazón de los Picos de Europa. Desconexión, paz, belleza, verde, montaña, aire puro y encanto para aburrir. Bulnes es sin duda uno de esos lugares en los que #AsturiasParaísoNatural cobra significado. ¿Quieres descubrirlo?

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Bulnes es el único pueblo de España al que no llega la carretera. En 2001 construyeron un funicular para acceder a la villa. Antes, la única forma de llegar hasta allí era el camino con más de 400 metros de desnivel que une Poncebos con este pequeño paraíso. Si uno de sus habitantes caía gravemente enfermo, no quedaba otra que visitar al paciente en helicóptero. Y cuando había que subir hasta casa televisiones, víveres o hasta sofás el burro y la mula tenían que cargar con ello sin importarle los tramos de pendiente de hasta el 18% de desnivel que encontraban en el camino. Definitivamente, el funicular les cambió la vida. Comodidades ninguna, pero ahora el día a día de la veintena de vecinos que residen en Bulnes es un poco más fácil. Ellos no cambian sus calles empedradas, el sonido del arroyo que cruza el pueblo, las vistas espectaculares y la vida tranquila en la que el tiempo parece detenerse por nada en el mundo. Y hacen bien.

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Razones para visitar Bulnes hay unas cuantas. Una es la atmósfera que se respira en este lugar, tan lejos de este siglo XXI en el que el tiempo vuela. Aquí la realidad es otra. Otra, por supuesto, son las vistas al Urriellu. A unos 10 minutos andando desde la villa encontramos un mirador desde el que la silueta perfectamente contorneada del pico aparece con todo su esplendor. Con sus 2.519 metros es una de las cimas más emblemáticas del alpinismo español, especialmente por los 550 metros de pared vertical de su cara oeste.

Dedica tiempo a disfrutar de este enclave natural porque realmente merece la pena. El pueblo ya cuenta con unos cuantos restaurantes, aunque mi recomendación es hacer como antes: llevarse unos bocadillos en la mochila y sentarse en unas piedras junto al río. De esas pequeñas cosas que no se pagan con dinero.

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Y, por supuesto, si quieres apreciar realmente su belleza, deja el funicular aparcado a un lado y atrévete con el canal del Texu. Mi propuesta: subir en funicular para ahorrarte las pendientes y bajar a pie para disfrutar de las vistas. La panorámica es capaz de enamorar a cualquiera. Enfrente nuestra el Murallón de Amuesa, igual de sorprendente que la Peña Maín que vamos bordeando, por una garganta abrupta y espectacular sobre el río Texu, en el que hay te puedes dar un baño en algunos tramos del descenso. El color cristalino de sus aguas no tienen que envidiar nada al lugar más paradisiaco. Son unos 4 kilómetros y una hora y tres cuartos aproximadamente caminando, y sí, merece la pena. El maridin y yo lo pasamos en grande!

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AH! En Bulnes olvídate de tener conexión a Internet. Disfruta también de ese momento.

 

 

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