CASCADAS DE ONETA: UN TESORO ESCONDIDO EN ASTURIAS

Minutos antes de llegar a Oneta, el paisaje ya nos anuncia que estamos ante un paraje natural de espectacular belleza. Las montañas que nos rodean por completo y un verde que lo invade absolutamente todo nos dejan con la boca abierta, pero lo mejor aún está por llegar. En el concejo de Villayón, tres saltos de agua se escalonan en unos pocos metros rodeados por una frondosa vegetación. Hablamos de las cascadas de Oneta, un tesoro escondido en el occidente asturiano que merece la pena descubrir.

Ruta por las cascadas de Oneta

En el pueblo de Oneta comienza esta pequeña ruta, de aproximadamente una hora de duración y unos 3,5 kilómetros ida y vuelta. La primera parte del recorrido transcurre por un sendero entre prados con vistas a las montañas del concejo de Villayón, y no tarda demasiado en escucharse el sonido del agua precipitándose. Las cascadas aún no se ven, pero ya podemos sentirlas. Tras un corto descenso, nos encontramos de bruces con una imagen imposible de olvidar: el río se precipita con fuerza por una altura de unos 20 metros, formando un salto de agua estruendoso y bello en medio del bosque. Estamos ante la cascada de Firbia, quizás la más impresionante. En torno a ella, un bosque de robles, abedules, alisos y castaños, y un antiguo molino que hace aún más bella la imagen.

Siguiendo el camino, llegamos hasta la cascada de Ulloa, de menor verticalidad, pero igual de bella. Rodeada de piedras, musgo y vegetación, merece la pena detenerse a contemplarla sin prisas. Entre ambas, un paseo por el interior del bosque en el Parque Histórico del Navia.

Podríamos avanzar hasta una tercera cascada, la Maiserúa, pero el maridin y yo teníamos poco tiempo y tuvimos que dar la vuelta en este punto. Apenas un kilómetro y medio de recorrido para disfrutar de la naturaleza y de uno de los tesoros escondidos de nuestra tierra. Declaradas Monumento Natural, las cascadas de Oneta son uno de los espectáculos naturales más imponentes en Asturias.

¿Aún no la conoces? Nunca un camino tan corto mereció tanto la pena.

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