Arroz para chuparse los dedos

Arroz caldoso, arroz negro, arroz meloso, paella… lo mires por donde lo mires, y lo hagas como lo hagas, el arroz siempre está para chuparse los dedos. Si eres de los que son incapaces de dejar un solo grano en el plato, entonces tienes que visitar La Genuina. En la calle Cimadevilla, a medio camino entre el Ayuntamiento y la Catedral de Oviedo, vas a echar un buen rato en elegir menú porque toda, absolutamente toda su carta apetece. Lo mejor de todo es que cuando llega a la mesa y lo pruebas aún es mejor.

Nada más que pones un pie en el local sabes que te va a gustar. Decorado con gusto, cuidado al detalle, haciendo guiños a la tradición (no faltan los suelos de cerámica ni la cocina de carbón), pero sin ese toque moderno que se valora positivamente. Vamos, que te conquista a golpe de vista. Pero no podemos olvidar que aquí lo importante es que nos conquisten por el estómago. ¡Y vaya si lo hacen!

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En La Genuina tienen 20 variedades de tipo de arroz, que van desde los clásicos (paella de mejillones, calamares y gambas; fideuá, arroz meloso negro con gambas y chipirón; paella de verduras o pollo, arroz con bogavante…) a otros muy asturianos e innovadores (arroz con queso taramundi y chosco de tineo; arroz con queso azul La Peral, trozos de manzana y ternera; arroz con costra de Beyos y boletus; arroz meloso de pitu caleya; paella con salmón y espárragos). A decir verdad, cuando los vas viendo llegar a las mesas que tienes al lado cuesta bastante elegir. Huele bien, muy bien. Y la pinta es buena, muy buena. Así que toca centrarse en la carta con determinación.

El maridin y yo somos muy amigos del buen comer y del arroz, así que después de darle unas vueltas no pudimos resistirnos al arroz meloso de pulpo con zamburiñas, y como entrante elegimos sepia a la plancha con ali oli de tomate. La sepia estaba brutal, de las mejores que hemos comido, y lo del ali oli es espectacular. Después, el arroz meloso ya fue el broche de oro. Aunque a decir verdad terminamos la comida con una tarta de queso que, por cierto, no estaba nada mal.

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Luego cuando llega la cuenta te llevas una sorpresa para bien (y eso también  se agradece). Nosotros lo tenemos claro: no vamos a tardar en volver. Y tú también deberías hacerlo.

 

Comer es un placer

Puede pasar desapercibida, pero Cantabria siempre  es una buena opción. Lo es por sus colores, por su mar, por sus tradiciones y también por su gastronomía. Si no te lo crees viaja hasta el valle del Saja, donde los prados nos ponen el verde ante los ojos y las vacas tudancas pastan libres. Allí, en medio de esa estampa poética, de repente una vieja casona reconvertida a restaurante aparece ante tus ojos para sorprender. Santa Luzia Espazio Gastronómico se tiñe de tonos pastel, se decora con un gusto exquisito y te presenta en la mesa unos platos que son para aplaudir.

Santa Luzia es un espacio para compartir, para degustar, para disfrutar”, definen desde dentro, y no se equivocan. Huyen de los cocidos tradicionales y de los platos de vanguardia. Están en el medio, y apuestan por el producto y por el sabor. Al frente está Pilar Valerde, hostelera de reconocido prestigio en la comarca que desde hace dos décadas regenta la Bodega La Montaña en el mismo Santander. Con Santa Luzia ha vuelto a triunfar.

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Una casa junto al río, que algunos ya han definido como un estilo ‘rusti-chic’. Flores aquí y allá, objetos vintage, madera natural, piezas de diseño o muebles reciclados, todo en medio del campo. La carta de presentación no puede ser mejor. Sin contar que lo que de verdad importa, su propuesta gastronómica, es sobresaliente.

El maridin y yo salimos encantados. Elegimos ensalada con burrata ahumada, lomos de bacalao y tomate pasificado; rabas de calamar con mayonesa de yuzu; y sashimi de atún rojo con salsa rocoto y aceite de cilandro. Lo acompañamos con un vino Oveja Blanca, y de postre milhojas de mantequilla. Todo para repetir.

Sin duda, el resultado de las cosas bien hechas. Más que recomendable.

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La gastronomía ovetense se rinde a los antojos

 

“Deseo apremiante y pasajero, habitualmente caprichoso”. Esta es la definición en la RAE de antojos. Y eso, un deseo apremiante, aunque no pasajero, pero sí caprichoso es lo que suscita una de las últimas propuestas gastronómicas ovetenses. En la calle Cimadevilla, en pleno centro histórico de la ciudad, a medio camino entre el Ayuntamiento y la plaza de la Catedral, abre sus puertas ‘Antojos del Antiguo’. Hablamos de un local impecable, con un diseño tradicional y vanguardista a la vez, de un local que sorprende y convence tanto como lo hacen sus platos.

Suelos de azulejos, paredes de piedra y ladrillo, mesas de madera que recuerdan a palets, sillas de colores, luces o cubertería exquisita. Entrar en ‘Antojos del Antiguo’ es hacerlo en un local diferente, de esos que siempre vienen bien. Y es que desde que pones un pie en su interior dan ganas de quedarse, de descubrirlo poco a poco, de comprobar si su oferta gastronómica también es de sobresaliente.

Tienen una carta pequeña, con platos de cocina tradicional asturiana, pero en los que siempre hay espacio para la innovación. Nosotros (el maridin y yo) nos decantamos por el menú: económico y muy, pero que muy apetecible. De primero un salpicón de langostinos, y de segundo merluza sobre arroz negro. El postre era tocinillo de cielo con crema de queso mascarpone. Y sí, sus platos también sacan nota. Ricos, bien presentados, diferentes y cumpliendo con su función principal: la de dejar con ganas de repetir.

Volveremos seguro. Y yo ya le he echado el ojo a varias de sus propuestas.