Bulnes: magia en los Picos de Europa

A los pies del Picu Urriellu -o Naranjo de Bulnes- la magia se apodera de este rincón en el corazón de los Picos de Europa. Desconexión, paz, belleza, verde, montaña, aire puro y encanto para aburrir. Bulnes es sin duda uno de esos lugares en los que #AsturiasParaísoNatural cobra significado. ¿Quieres descubrirlo?

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10 imprescindibles si visitas Covadonga

El lugar donde el rey Pelayo inició la Reconquista y la puerta al Parque Nacional de los Picos de Europa, Covadonga esconde secretos, historia y tesoros. Razones para visitar este pequeño paraíso existen unas cuántas. Y si lo haces, prometo que no te arrepentirás. ¿Quieres saber qué 10 imprescindibles no puedes perderte en una visita a Covadonga? ¡Atento!

1. Recorrer el puente romano de Cangas de Onís

Es así. No hay viaje a Covadonga que no lleve implícita una parada (ya sea antes o después) en Cangas de Onís. Y sí, no hay parada en Cangas de Onís sin visita al Puente Romano (que en realidad es medieval). Imprescindible recorrer este camino de piedras que se levanta orgulloso sobre el Sella y admirar las vistas magníficas que regala. Inicio de la Reconquista de España, ha visto pasar ante sus ojos reyes, ejércitos, peregrinos y turistas, muchos turistas con ganas de descubrirlo. Ninguno se va de allí sin una foto con la réplica de la Cruz de la Victoria colgando sobre el río. La mejor antesala posible a Covadonga.

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2. Prender una vela en la Santa Cueva

Ya seas católico o no, lo cierto es que son pocos, muy pocos, los que se van de Covadonga sin encender una vela en la Santa Cueva, un acto que ya se ha convertido en tradición y con el que todos de alguna manera queremos creer que lo mejor está por llegar. Pedimos trabajo, salud, amor o lo que venga, pero lo que realmente impresiona y merece la pena es la estampa que dejan las cientos de velas prendidas a la entrada de la cueva, en la que apenas sólo las llamas iluminan el camino.

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3. Deleitarse con las vistas de la basílica desde el santuario

En el camino que recorres hasta la capilla de la Santa Cueva, hay un lugar en el que todo el que va se detiene, y tú no vas a ser menos. Es imposible pasar de largo ante la ventana natural que se abre en la cueva y la panorámica que regala. Las vistas desde este lugar a la montaña asturiana y la imagen de la basílica dominando el paisaje es una auténtica maravilla. Merece la pena tomarse unos minutos para disfrutarla.

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4. Admirar la belleza de La Santina

“Bendita la Reina de nuestra montaña, que tiene por trono la cuna de España y brilla en la altura más bella que el sol”. Así arranca el himno de La Santina, sin duda la virgen por la que los asturianos sentimos más devoción y de la que presumimos orgullosos. Podemos hacerlo. Todo el que la visita termina rindiéndose a su belleza. Normalmente con manto rojo, sabe lucir como nadie al final de la gruta, en la pequeña capilla, situada en el punto exacto donde supuestamente Don Pelayo se escondió durante la batalla y en el que se le apareció la virgen.

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5. Pedir un deseo en el estanque

Es algo así como la Fontana di Trevi asturiana. El estanque de La Santina, que recoge las aguas que caen en una cascada desde lo alto de la cueva, tiene su fondo cubierto de monedas, las que los turistas tiran a sus aguas esperando que un deseo se haga realidad. Es una de las primeras imágenes que ves al llegar a Covadonga, y también una de las más bellas.

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6. Beber de la fuente de los 7 caños

Si crees que ya es hora de dar el ‘Sí, quiero’, no puedes irte de Covadonga sin beber de los 7 caños de esta fuente. Según reza la leyenda, la soltera que beba de todos sus caños contraerá matrimonio en el plazo de un año. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde =)

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7. Fotografiarse con Don Pelayo

Con acero, valor, sangre y muerte. Así vencieron los 300 soldados al mando de Don Pelayo, el primer monarca del reino de Asturias, a los miles de musulmanes que osaron asediar Covadonga, el último enclave cristiano que aún resistía en la Península Ibérica tras la invasión árabe. Pon cara de valiente y fotografíate junto al monumento que rinde homenaje a su figura.

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8. Entrar en la Basílica

En un entorno privilegiado, la Basílica de Covadonga (símbolo de peregrinación en Asturias), es una construcción de estilo neorrománico de caliza rosa exclusivamente. Diseñada por Roberto Frasinelli, fue construida entre 1877 y 1901 por Federico Aparici. En su interior atesora más de mil años de leyendas e historias. Impresiona por su solemnidad y su grandeza.

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9. Subir a los lagos

A unos 12 kilómetros de Covadonga, los lagos Enol y Ercina aparecen en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa. Las impresionantes montañas que los rodean y la hermosa estampa de su reflejo en el agua se convertirán en un recuerdo imborrable. Recréate, sin prisas. El Enol será el primero en darte la bienvenida, y en las interminables praderas verdes que lo envuelven pastan vacas, caballos y ovejas con total tranquilidad. Sólo un poco más allá, surge el Ercina, que reserva un asombroso espectáculo de color gracias a la vegetación acuático. Confirmado, Asturias es un paraíso natural.

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10. Disfrutar de uno de los mejores atardeceres de Asturias

Atardeceres bonitos en Asturias hay unos cuantos, pero los colores que se crean en los Lagos de Covadonga cuando el sol cae pocas veces vas a disfrutarlos. Ocres, dorados, rojizos que se reflejan en el agua, al igual que su cielo estrellado (porque sí, aquí aún puedes ver brillar las estrellas). Magia pura.

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Los 10 imprescindibles de Asturias

Será porque su superficie está moldeada con pliegues de todas formas y colores, o por su multitud de valles dibujados a mano alzada. Será porque su rugiente mar se ha afanado en labrar playas y acantilados de inmensurable belleza, o porque sus gentes te reciben siempre con sonrisa y trato amable. Será por su rica gastronomía o porque el Cantábrico y los Picos de Europa salen a darte la bienvenida, pero lo cierto es que Asturias bien merece una visita. Por estas o por muchas razones.

1. Casco Antiguo de Oviedo: Posee una de las catedrales más bellas de todo el país, obra cumbre del gótico asturiano, y su solitaria torre preside un casco antiguo pensado para el peatón. Recorrerlo supone un viaje en el tiempo hasta la Vetusta de Clarín. En cualquier lugar puede saltar la sorpresa, en forma de callejuela, plaza o edificio de piedra. Además, ya solo una fabada y una botellina de sidra en las terrazas de El Fontán merece la pena.

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2. San Lorenzo: desde la iglesia de San Pedro hasta la desembocadura del río Piles, es el destino clásico de bañistas en cualquier temporada. Sus típicas casetas de colores son un emblema cuando llega el verano. Y todo flanqueado por un bonito paseo, que es imprescindible recorrer y que cumple con nota como ventana al Cantábrico. Todo un lujo al atardecer.

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3. Centro Niemeyer: el arquitecto brasileño Óscar Niemeyer muestra su maestría en este regalo para Asturias. En la ría de Avilés se alza este espectacular complejo arquitectónico, que se convertirá en una de las creaciones más sorprendentes que hayas visto nunca. Además si pillas uno de sus interesantes eventos culturales, la visita será un éxito en todos los sentidos.

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4. Playas de Llanes: la costa del oriente asturiano esconde paradisíacas playas en las que el verde de las montañas se funde con el azul del mar en caprichosas formas. Playas hermosas en Asturias hay muchas, pero las de este concejo se llevan la palma. Toró, Gulpiyuri, Poo o Torimbia son obligatorias.

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5. Sidras en Gascona: es uno de los mejores sitios a los que ir si eres turista en Asturias. Situada en el corazón de Oviedo, es el lugar idóneo para tomar unos ‘culines’ de sidra. Repleta de chigres, se ha convertido en el centro de reunión en torno a lo que más apreciamos los asturianos de cepa: la buena sidra.

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6. Tito Bustillo: uno de los grandes santuarios del Arte Paleolítico en Europa, de esos que dejan con la boca abierta. Ribadesella se convierte así en visita obligada para conocer de primera mano estas pinturas declaradas Patrimonio de la Humanidad.

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7. Mirador del Fitu: posiblemente la mejor panorámica de Asturias. A un lado el mar Cantábrico y al otro los impresionantes Picos de Europa. La original construcción nos eleva sobre el terreno para descubrir unas vistas de ensueño.

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8. Cudillero: pocos pueblos se reflejan en el agua como Cudillero. Lugar marinero que invita a perderse por sus estrechas calles, admirar sus características casas de colores o bajar hasta el puerto para degustar la pesca del día. Se levanta sobre las empinadas laderas de tres montes que rodean la villa a modo de anfiteatro.

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9. Santuario de Covadonga: en pleno Parque Nacional de los Picos de Europa, Covadonga sorprende por la belleza del paisaje que la rodea, la grandeza de su basílica y el encanto de la gruta o cueva de La Señora, donde descansa La Santina, patrona de los asturianos. Un rincón que merece muchísimo la pena.

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10. Cabo de Peñas: el punto más al Norte del Principado de Asturias. Lo que las coordenadas no delimitan es el vértigo y el abismo que provoca uno de los cabos más impresionantes de la geografía española. La ocasión no se puede dejar escapar.

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El paraíso está a 15 minutos del centro de Gijón

Cierra los ojos. Imagina cambiar el ruido de la ciudad, las aglomeraciones, el asfalto, el claxon de los coches y los edificios de fondo por aguas azules, arena fina y dorada, bonitos acantilados, el sonido de las olas y un mirador de vértigo al Cantábrico. El paraíso está más cerca de lo que tú crees, concretamente a 15 minutos del centro de Gijón. Coge el coche y pon rumbo al mar. Las playas de Estaño y La Ñora están esperándote.

La primera que aparece en el camino será Estaño. A tan solo unos minutos de Gijón, el entorno natural es impresionante. (Tan solo un pequeño bloque de edificios que no pinta demasiado allí intenta estropearlo, sin ni siquiera conseguirlo). La playa es pequeña, menos de 300 metros, pero eso no le resta ni un poco de encanto. Destaca por el Pozo del Cura, una pequeña piscina natural labrada en la roca. También por el islote de La Tortuga, un peñón al que se puede acceder andando cuando la marea está baja.

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Unos pocos kilómetros más allá encontramos La Ñora. Se trata de un arenal de forma triangular, que también tiene como elemento más característico una peña en el centro de la playa que lelga a desaparecer durante la pleamar. Conocida como Peña El Romero, tiene una longitud de 50 metros y numerosas pozas que cuando la marea baja se convierten en escenario de juegos de pequeños y no tan pequeños. El arroyo de La Ñora desemboca aquí delimitando los concejos de Villaviciosa y Gijón.

Además, es en este lugar donde arranca la senda costera que lleva desde La Ñora hasta El Rinconín. Asomarse a cualquiera de sus miradores es la mejor forma de descubrir cuánta belleza esconde Asturias. ¡Disfrutad!

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Playa de Frexulfe, un monumento natural en el Cantábrico

Más de 800 metros de espectáculo. Entre el cabo de San Agustín y la punta de Romanela, a tan sólo un paso de Navia o de Puerto de Vega, la playa de Frexulfe aparece ante tus ojos y te cautiva. Declarada Monumento Natural por su vegetación dunar y su extraordinario ecosistema, también podría serlo por su belleza.

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De arena fina y tostada, y con olas que hacen las delicias de los surfistas; la playa es también ideal para familias y aunque en los meses de verano cuenta con buen reclamo, nunca llegas a tener sensación de agobio. Su casi un kilómetro de largo permite que haya espacio para todos.

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Además, en su extremo más oriental desemboca el arroyo del mismo nombre, un estuario idílico, que permite asimismo que esa zona de Frexulfe sea la más recomendada para el baño para aquellos que -como yo- no se atreven con las olas.

Un espeso bosque de pinos y los impresionantes acantilados que la protegen, terminan de darle a la playa un aspecto de misterio y magia increíble.

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Acabamos de descubrirla durante un fin de semana de celebraciones por el occidente asturiano, pero seguro que repetiremos. Si no la conoces, la visita merece la pena.

 

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