8 imprescindibles de Mallorca

Con casi 80 kilómetros de distancia de un extremo a otro, Mallorca es un auténtico paraíso. Sin duda, su costa regala algunas de las calas más bellas de todo el Mediterráneo: pequeñas, recónditas, de aguas turquesas y rodeadas de pinares. Pero no sólo el mar cobra protagonismo. Cerca del 40% de su territorio está protegido, y cuenta con un paisaje marcado por los contrastes, en el que también destaca la Sierra de la Tramuntana.

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Playa de Guadamía: belleza con puertas al mar

 

La tierrina nos reserva un sinfín de destinos interesantes, de verdaderos regalos en forma de naturaleza que hay que descubrir.  Marca en el gps Llames de Pría , y al llegar allí sigue las señales que te guían hasta la playa de Guadamía. Lo que aparece ante tus ojos es simplemente un espectáculo. Su peculiar forma de canal estrecho actúa como un fiordo que protege la playa de la fuerza del Cantábrico. En definitiva, belleza con puertas al mar.

Guadamía es una de las playas asturianas con paisaje protegido. Y cuando estás allí lo entiendes. Aguas transparentes, arena fina, marea en calma y entorno paradisíaco. Además, su peculiaridad transforma este paisaje en un lugar único. El río del mismo nombre discurre desde la Sierra del Cuera hasta desembocar en el mar, y lo hace esculpiendo una estrecha garganta  que proporciona una imagen preciosa.

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La playa es como un brazo alargado que se abre paso entre los acantilados, y que a simple vista resulta difícil discernir si se trata del mismo río o del mar Cantábrico. Cuando la marea está baja el arenal se hace mucho más grande y el agua parece desaparecer. Mientras, cuando sube, el canal vuelve a cubrirse por el mar, presentando una imagen ideal para el baño.

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Llevaba tiempo con ganas de conocerla, y el maridin y yo aprovechamos un fin de semana por el oriente asturiano para visitarla. Uno de esos rincones que evidencian que lo de paraíso natural es una gran verdad.

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Casona La Hondonada: desconexión en la Cantabria rural

El viajero que se adentra en el valle de Cabuérniga por Cabezón de la Sal queda sorprendido por la belleza de un paisaje siempre verde, donde la arquitectura tradicional armoniza con bosques, prados, brañas y casonas que salpican este paraje cántabro atravesado por el río Saja y sus afluentes. Y esto es precisamente lo que se encuentra uno cuando viaja hasta la Casona La Hondonada, un templo para la desconexión en la Cantabria rural.

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Una impresionante casona de piedra del siglo XVII y totalmente rehabilitada te recibe con los brazos abiertos. Por fuera ya sabes que te va a gustar, pero una vez que entras el clima cálido y acogedor se respira y te conquista desde el primer instante. Allí, en medio de la naturaleza, en un hotel lleno de encanto, tan solo necesitas sentarte en su jardín a disfrutar del intenso placer de no hacer nada =)

Y para que esta experiencia sea sobresaliente, cada habitación cuenta con una bañera hidromasaje, de esas en las que el tiempo se disfruta, de esas que todos querríamos tener en nuestra casa sino hubiera que pagarla de nuestro bolsillo. Pero para eso vamos a La Hondonada, para disfrutar de esos pequeños placeres que alguna vez hacen falta y que siempre nos merecemos. Por si fuera poco, el broche de oro es su spa privado. Pequeñito, pero perfecto para disfrutar en pareja. Una hora entera para dos, para enamorarse y para sonreír.

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El maridin me regaló esta escapada para celebrar el primer año de nuestra historia. Y no pudo resultar mejor. ¡Perfecto para parejas con mucho amor!

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Cantabria, costa e interior para soñar

Tierra donde mar y montaña conforman un equilibrio natural perfecto, Cantabria enamora los corazones de los apasionados del verde, la naturaleza viva, el buen comer y el azul del mar. Apenas 48 horas en la región bastan para conocer algunos de sus muchos encantos y comprobar en primera persona que costa e interior hacen soñar en Cantabria. Si no lo crees, sigue leyendo.

Todo el litoral cántabro está salpicado de pequeñas y hermosas localidades marineras con el olor a agua salada como protagonista. En este viaje te proponemos San Vicente de La Barquera. El largo puente de la Maza que cruza su ría sembrada de barcas, el magnífico telón de fondo de los Picos de Europa que la arropan,  y su entorno, el Parque Natural de Oyambre, componen la estampa más reconocible de esta imprescindible localidad que se consagra como uno de las más bellas de la región.

El municipio seduce desde que nos adentramos por el puente de la villa. Antiguo refugio de pescadores, destaca también por su puebla vieja (Bien de Interés Cultural desde 1987) con un interesante conjunto monumental en el que detenerse a admirar la iglesia de Santa María de los Ángeles, el castillo o los restos de la muralla. Las vistas son simplemente impresionantes. Y después de tanto arte, siempre viene bien algo que llevarse a la boca. La tradición marinera de San Vicente se aprecia también en su gastronomía, con el pescado y el marisco como platos estrella.

A tan solo unos kilómetros de San Vicente encontramos un paraíso. En sus más de 220 kilómetros de costa, Cantabria cuenta con más de 90 playas que hacen las delicias de los apasionados del mar. La cercanía del litoral a las montañas ha dado lugar a una geografía costera escarpada con impresionantes acantilados y playas donde los pastos llegan hasta el mismísimo borde de la arena. Como ejemplo, la playa de Berellín, de color turquesa y con formaciones rocosas llamativas y de gran belleza.

Un espectacular arco de piedra se abre en el horizonte, mientras la playa parece adentrarse tierra adentro. De reducidas dimensiones y con un entorno de espesa vegetación, la playa de Berellín sorprende al turista y le ofrece una imagen impresionante imposible de olvidar. Ningún aficionado a la naturaleza debería perdérsela.

 

Para descansar, podrás pasar la noche en la posada rural Fuente de las Anjanas (a unos pocos minutos de los lugares de los que hablamos). Se trata de una antigua casa de colonos dedicada a la ganadería y propiedad del ducado de Estrada, reconstruida y convertida en morada para huéspedes.

Con vistas a la torre medieval de Estadra, es el lugar perfecto para disfrutar de la tranquilidad, desconectar de la rutina y relajarse. En el porche y el amplio jardín de la casa podrás exprimir todas las ventajas que ofrece la naturaleza.

Este viaje por Cantabria termina en una cavidad única en el mundo y que merece la pena descubrir, la cueva de El Soplao.  De más de 30 kilómetros de longitud, guarda en su interior un auténtico paraíso natural conformado por impresionantes formaciones, entre las que destacan las estalactitas, estalagmitas y las excéntricas. Es precisamente la abundante y compleja diversidad de estas excéntricas lo que hace de El Soplao un tesoro bajo tierra en el mundo. Blancas, enrevesadas e imposibles, nunca has visto nada igual. La galería de los fantasmas, el reflejo perfecto de la cueva en el agua y sus formas sorprendentes te dejarán con la boca abierta. El broche de oro, las vistas que desde allí se divisan. Detente y respira aire puro.